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" DON QUIJOTE"

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La sátira política como ejercicio del periodismo de opinión

Fuente: “Don Quijote”de Carlos Boyadjian publicado en Historia de Revistas Argentinas Tomo III (AAER)

Introducción

La revista Don Quijote (1884 - 1905) es, sin duda, uno de los grandes hitos en la historia del periodismo nacional, aunque su trayectoria y el rol que jugó durante más de dos décadas en la prensa argentina son poco conocidos. Contemporánea de El Mosquito (1863-1893) y precursora de Caras y Caretas (aparecida el 8 de octubre de 1898, por cuyas páginas pasaron varios ex redactores y dibujantes de Don Quijote), logró definir un perfil propio a pesar de caminar el duro sendero del humor gráfico de corte político, no siempre tolerable en las altas esferas del poder. El destino quiso que su vida como periódico independiente transcurriera en la decisiva época de la consolidación de la Argentina moderna.

Al respecto, los historiadores coinciden en catalogar el período que va de 1880 a 1910 como la época de oro del modelo agroexportador y la inserción política, económica y cultural de nuestro país en el concierto de las naciones más desarrolladas. De la mano de una clase aristocrática ilustrada que deviene en oligarquía y viaja frecuentemente a Europa, trayendo las últimas corrientes en materia de pensamiento económico, político y social, nuestro país entra en un período de expansión económica en la que el liberalismo y el positivismo como filosofía que lo sustenta, "tiñen a partir de 1880 todos los gestos que se dan en todos los niveles y constituyen el aglutinante de la experiencia total que se inicia".

Don Quijote y el poder

Don Quijote supo reflejar la otra cara de ese proceso político, no siempre explícita, y mostrar las miserias y el accionar controvertido de algunos políticos, miembros de sucesivos gobiernos nacionales. La incesante prédica de esta revista en defensa de los derechos del pueblo, marcó a fuego a una sociedad que estaba siendo sometida a cambios vertiginosos, no siempre acompañados por la transparencia deseable en el manejo de la cosa pública. Diferente es el caso de Don Quijote, dirigido por el español Eduardo Sojo, que había llegado a la Argentina un año antes procedente de la Madre Patria, y cuyo primer número salió a la calle el 16 de agosto de 1884. Sojo, periodista y dibujante, debió abandonar España debido a sus ideales republicanos y dedicó los siguientes veinte años de su vida a editar Don Quijote, emprendimiento que tampoco estuvo exento de rencillas con el poder. Aunque sufrió cárceles, censura, el secuestro de varios números y presiones de toda índole, que intentaron acallar su mordaz crítica acerca de los excesos del gobierno de turno, muy pocos pudieron esquivar los arteros ataques del hidalgo caballero que, en Buenos Aires a fines del siglo XIX, trocó su lanza manchega por un lápiz de trazo firme y temible. En Don Quijote rara vez aparecían temas ajenos a la realidad política, social y económica del país. Sólo algunos asuntos de relevancia mundial y hacia el final de su existencia (en Don Quijote Moderno, que ya se verá de qué se trata), incorporó opiniones sobre literatos, actores, actrices o cantantes del momento. Lo sustancial de su función en el periodismo de la época, fue sin duda, la combinación del artículo editorial junto a la ­aparentemente inocua y divertida caricatura, la que con frecuencia se transformaba en el núcleo de la edición rea1idad, constituye el corazón de la revista.

Periodistas y dibujantes

Como ya se ha dicho, Eduardo Sojo fue el cerebro y el cuerpo de la revista durante toda su existencia. Su fuerte personalidad habría de chocar aquí con un poder bien afincado y con todas las riendas en sus manos. El roquismo estaba en su apogeo, y desarrollaba un programa de consolidación de lo que la Generación del '80 dio en llamar el progreso y la constitución y afianzamiento de la Argentina moderna. Don Quijote apareció en 1884 promediando la primera presidencia de Roca, con caricaturas de carácter agresivo, mordaz e incisivo, lo que le valió a Sojo el tener que vivir escondido durante diversos momentos de su vida, en tanto muchos allegados lo conocieron por el sobrenombre de Marat, en alusión al revolucionario de la Francia republicana de 1789.

Sojo firmaba sus dibujos como Demócrito, en tanto Manuel Mayol, gran pintor y dibujante español originario de Cádiz, trabajó en Don Quijote hasta entrada la década del '90 y lo hacía bajo el seudónimo de Heráclito, nombre que se le ocurrió al mismo

Fin y resurrección

Tras varios anuncios, en abril de 1903 Sojo decidió terminar con Don Quijote y editar una versión remozada que salió bajo el título de Don Quijote Moderno. El emprendimiento dirigido por Sojo pero cuya propietaria fue Ascención Blasco de S. (se supone que es la esposa de Sojo), durará hasta 1º de noviembre de 1905 y se publicará en formato de 35 x 23 cm. Luego de leer tapa y contratapa, se despliega la página central - como antes en Don Quijote-, y.se vé la segunda central ilustrada con caricaturas. Bajo el lema de Por un ojo tres, por un diente una quijada, la nueva publicación salía a la calle los jueves y mantenía en lo esencial el estilo combativo y crítico de su predecesora. El lanzamiento de Caras y Caretas en 1898, con un estilo algo menos político pero más cercano a los gustos de la época, menos frontal pero con un perfil editorial acorde a las circunstancias, con profusa información sobre acontecimientos sociales, las plumas de Fray Mocho y Eustaquio Pellicer, las caricaturas de Cao y Mayol y atractiva tapa

en colores, obligaron a Sojo a "aggiornarse". En junio de 1904 se incorporó como dibujante Manuel Redondo, quien se complementará con el inefable Demócrito en la producción de la página central. Este dato es importante por cuanto la última etapa de la

revista es desconocida incluso para algunos especialistas.

Hacia 1887/88 se publicó una versión de Don Quijote para la República Oriental del Uruguay, que tuvo corta vida y se denominó Don Quijote Oriental. Este semanario político, humorístico, ilustrado, se editaba en Montevideo y salía todos los sábados. En el mismo sentido, hacia 1891 Don Quijote incluía una sección llamada Cosas Uruguayas, cuyo contenido informativo provenía de la vecina orilla y era traído por un desconocido Maese Nicolás.

Como periódico de humor político que fue, Don Quijote siempre se preocupó de satirizar a personajes de la política nacional, y aún acentuó particularidades físicas y ridiculizó situaciones emanadas del accionar cotidiano. Durante los primeros años la revista caricaturizó y nombró de manera un tanto deformada a diversos personajes públicos. Así, el gobernador de Córdoba Marcos Juárez, era presentado como un monstruo con la dentadura maltrecha y hacia afuera, los ojos bizcos, la cara picada por la viruela y con aspecto de hombre bruto y autoritario. El elegante Gral. Lucio V. Mansilla, Senador de la Nación, símbolo de la oligarquía local y prototipo del dandy criollo, era habitualmente criticado por su desempeño en el Congreso. Dibujado con su infaltable frac, galera, monóculo y prominentes sentaderas, era "rebautizado" en cada edición de Don Quijote en el año 1888, siendo algunos de sus motes: Majaderilla, Malaquilla, Manquilla.,

Mantequilla, Manchilla, Maravilla y Mandrililla.

Pero quizás la verdadera euforia satírica de Don Quijote se manifestó en la galería zoológica con que acicateó, durante casi dos décadas, a la clase política argentina. En 1888 Demócrito dibujaba al Presidente de la Nación, Miguel Juárez Celman (1886-1890) y a sus seguidores, portando siempre faroles sobre sus cabezas. Esto era considerado el símbolo de la incondicionalidad, desde que el Ministro Zeballos en cierta ocasión organizó una concentración de empleados estatales llevando faroles para recibir a Juárez Celman en una cerrada noche. Desde entonces el farol pasó á formar parte de la simbología del poder.

La edición del 15 de abril de ese año fue- secuestrada por las autoridades acusando a Don Quijote de inmoral, y prohibiéndosele caricaturizar a Juárez Celman bajo el cargo de ir preso. Entonces es cuando aparece el personaje del "burrito cordobés", de donde era oriundo Celman, ridiculizado de todas las maneras posibles. De allí en más, las orejas de burro fueron un símbolo similar al farol. Por otra parte, el Presidente era invariablemente expuesto como un personaje torpe pero siniestro, que bajo el nombre de "Celemín" tenía a mal traer al pueblo argentino.

Por las páginas de Don Quijote se verá a lo largo de los años a un mono llamado Ramón J. Cárcano (Carcanófilo), Director de Correos y Telégrafos durante el período de Celman; al Presidente de la Nación Carlos Pellegrini, (1890-1892) con largos bigotes, muy flaco y con piernas inusualmente alargadas, llamado Pele gringo o Pelelegringo y caracterizado como una jirafa; a "Merlín" o el "pavo" Luis Sáenz Peña, primer mandatario desde 1892 a 1895, quien era acusado desde la oposición de ser un títere de Roca. Al punto que Don Quijote, a cuatro días de asumir el cargo, dice el 16 de octubre de 1892: "La transmisión del poder esta vez, ha resultado ser una cosa muy distinta de lo que ha sido siempre. Esta vez, no ha habido transmisión de poder: lo que ha habido, es la entrega de un muerto, simplemente."

También figuró el inconfundible "zorro" Julio Argentino Roca, quien manejó los resortes del poder durante un cuarto de siglo, incluyendo las presidencias de 1880-1886 y 1898-1904. Para Don Quijote era el verdadero urdidor de pactos, alianzas y traiciones. Su cola de zorro y la cara del animal con la típica barba francesa de Roca, fueron permanentes en toda la historia de la revista.

En enero de 1895, ante la agitación política producto de la fallida revolución radical de 1893 y sus consecuencias en el quehacer político, el Presidente Luis Sáenz Peña se vio obligado a renunciar y en su lugar asumió el vicepresidente José Evaristo Uriburu. Dada su parquedad, Uriburu era dibujado con un candado cerrando su boca y era llamado Uri- Buho. Las iras contra Roca en esta época fueron de tal magnitud que Sojo, conociendo el predicamento que tenía su publicación en vastos sectores de la población.

Crítica con excepciones

La sátira en Don Quijote no se anduvo con chiquitas, y en ella cayeron todos los personajes de la época. Sólo aquellos que gozaron de su afinidad ideológica tuvieron la suerte de salvarse del humor quijotesco. Entre ellos se pueden mencionar los próceres de la Independencia, el ex Presidente Domingo Faustino Sarmiento, fallecido en 1888, el Gral. Mitre antes de la farsa del acuerdo con Roca, monarcas y Jefes de Gobierno extranjeros. No así la Regente de España- y políticos como Leandro N. Alem y los cívicos del Parque. No tuvieron la misma suerte el Jefe de Policía durante el gobierno de Juárez Celman, coronel Alberto Capdevila, cuyo nombre se transformó en "cabo de vela" y fue caricaturizado con una vela como pierna o enclavada en el gorro de policía. Este personaje también será portador de una piedra litográfica que la policía secuestró a Don Quijote en 1888 y que fue reclamada hasta el cansancio por Sojo, incluso ante la Justicia.

No fue ésta, sin embargo, la única vez que la policía persiguió a Don Quijote. El Ministro de Guerra de Juárez Celman, Gral. Levalle, fue duramente criticado y ridiculizado como Labaila, Máximo Paz será llamado Máximo Pez y el Ministro de Hacienda del Presidente Pellegrini, Vicente Fidel López, será Don Vicente Fideo Lápiz.

"Don Quijote", protagonista de la Revolución del '90

En 1890 gobernaba el país Miguel Juárez Celman, político cordobés y concuñado de Roca. Al asumir la Primera Magistratura manejaba los resortes del P.A.N., Partido Autonomista Nacional, dando origen a lo que la historia rotuló como "unicato". La situación económica de la Argentina era francamente grave. La Bolsa de Comercio, fundada en 1854, era a esta altura la gran timba nacional. Las obras públicas fueron entregadas a capitales extranjeros, se vendieron a precio vil los ferrocarriles Central-Norte y Argentino, las Obras Sanitarias fueron concesionadas por 45 años a una empresa inglesa, el tendido de líneas férreas tenía la garantía del Estado, que pagaba intereses carísimos, y se concedieron exenciones impositivas de todo tipo al capital foráneo.

La especulación financiera se fomentó mediante la creación de bancos con garantía oficial en casi todas las provincias, pero el problema más grave sobrevino cuando el Estado no pudo hacer frente a los compromisos. La cotización del oro estaba por las nubes ($300 m/n), el descrédito del gobierno era notorio, la emisión de dinero no tenía respaldo alguno y la situación de la población era cada vez más afligente. Se solventaba al Estado con empréstitos extranjeros a intereses usurarios Y la situación hizo crisis cuando los países europeos, en especial Inglaterra, dejaron de prestar divisas.

Hacia 1889 un grupo de políticos escindidos del oficialista P.A.N. fundó la Unión Cívica y en ella se agruparon hombres de la talla de Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle,-Hipólito Yrigoyen, Pedro Goyena, Angel Gallardo, Marcelo.T. de Alvear y Manuel José de Estrada. La Unión Cívica contaba, además, con el apoyo de algunas figuras de relieve nacional como Bartolomé Mitre, Lucio V. López y Bernardo de Irigoyen. Brevemente diremos que a partir de marzo de 1890 tienen lugar decisivos mitines en el Jardín Florida y en el Frontón Buenos Aires, y que la adhesión de la población, era cada vez era mayor. La revolución estalló tras una verdadera lucha de candidaturas para la Presidencia de 1892, en la que ya estaban anotados, entre otros, Ramón J. Cárcano, Director de Correos y Telégrafos y candidato del Presidente Juárez Celman, julio Roca, Carlos Pellegrini -Vicepresidente de la Nación- y Marcos Juárez, hermano del Presidente y, a la sazón, Gobernador de Córdoba.

Los rebeldes, bajo el mando político de Alem y el militar a cargo del Gral. Manuel J. Campos, se sublevaron el 26 de julio tomando el Parque de Artillería (hoy Plaza Lavalle), y forzaron la huida de Juárez Celman a Rosario. La defensa quedó a cargo de la Policía y del Gral. Levalle, Ministro de Guerra. Luego de tres días de cruentos enfrentamiento s en los que hubo importantes bajas, el gobierno Logró doblegar a los revolucionarios no sin antes resignarse a aceptar la renuncia de todo el Gabinete. Ante esta situación Juárez Celman quedó muy desprestigiado, al punto de no conseguir el apoyo necesario para seguir en el cargo, y terminó dimitiendo e16 de agosto de 1890.

El papel jugado por la revista Don Quijote durante todo el gobierno de Juárez Celman, tomó oposición firme y sostenida, y en especial en los momentos previos al alzamiento revolucionario de julio del '90, colocaron a la revista en un sitial de privilegio luego de los sucesos ya narrados.

Al respecto, Leandro N. Alem, cabecilla de la rebelión, dijo en una ocasión que la revolución del Parque la hicieron el pueblo y "Don Quijote". El 3 de agosto, en plena revolución, la revista de Sojo no salió a la calle, pero una semana después acusó una importante tirada estimada en 61.000 ejemplares. La revista tenía en 1888 una tirada de 15.000 ejemplares, subió luego a 30.000 y hacia 1893 se ubicaba en los 60.000 ejemplares de promedio. El 24 de mayo de 1891 Don Quijote, con velada inmodestia, afirmó que era el periódico de mayor circulación en el país y fuera de él. Por entonces la ciudad de Buenos Aires contaba con 536.222 habitantes, lo cual habla muy bien del nivel de inserción de la publicación en la sociedad de la época.

Asimismo, el miércoles 27 de agosto de 1890 Don Quijote editó un número extraordinario cuyo producto se destinó a socorrer a todas las víctimas de la revolución, las de uno y otro bando. En ese momento, Sojo hace desde las páginas de la revista, un llamado a comerciantes y empresarios que puedan y deseen colaborar con publicidades para recaudar más dinero e incrementar la ayuda a los damnificados.

La intolerancia al poder

Así, por las páginas de Don Quijote desfilaron las críticas a la venta del Ferrocarril Central Norte (1888), la oposición a las privatizaciones habituales en esos tiempos, y a un primigenio proyecto de Boulevard La Plata-Buenos Aires en 1888, a sólo seis años de la fundación de la ciudad por Dardo Rocha. Este proyecto recién se llevó a cabo 107 años después, en 1995, con la inauguración de la Autopista Buenos Aires-La Plata. El incontenible alza del oro, la emisión sin respaldo, la marcha de la economía en general, el endeudamiento externo -en especial con Inglaterra-, fueron siempre tópicos que suscitaron presiones a la prensa independiente, valor que Sojo defendió lanza en mano y con energía como su Don Quijote.

El 14 de febrero de 1892, Don Quijote denunció el fraude electoral en estos términos: "Aquí, con el sistema actual, las urnas están de más; todos sabemos por quien va a votar cada cual, y esto, que lo saben los escrutadores también, se preparan con tiempo para el fraude...No debe pues, pasarse más tiempo sin que se implante otro nuevo y que dé garantías de Imparcialidad y legalidad al ciudadano." (Nota del autor: se

refiere a la implementación de un nuevo sistema electoral que recién será adoptado con la Ley Saénz Peña de 1912)

A partir de 1903 como ya fue dicho, Don Quijote se transformó en Don Quijote Moderno, cambió el diseño por un formato más manuable dedicando, además, un buen espacio a publicidad, información teatral (hace una campaña muy grande), apoyó a literatos, actores, cantantes y hombres de la cultura en general, y publicó información sobre turf, espectáculos y cuentos como Historia de América Vespucia, una historia de América narrada un poco en serio y un poco en broma, y Heroína mejicana, cuyo autor era el mismo Eduardo Sojo.

Durante 1903 apoyó la candidatura a diputado nacional del socialista Alfredo L. Palacios, para quien tiene palabras de elogio cuando se convirtió en legislador al año siguiente.

La revista Don Quijote es, sin duda, un hito en la historia del periodismo nacional. Con el tiempo vendrían otras experiencias en el campo del humor político gráfico, pero a no dudarlo; todos le deben algo del espacio ocupado a Eduardo Sojo, al hidalgo caballero de la triste figura, a su compañero Sancho Panza y a la tinta derramada en las páginas de "Don Quijote", durante más de dos décadas en la Argentina.
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