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"Caras y Caretas"

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Fuente: "Caras y Caretas" de Adrián Ignacio Pignatelli. Publicado en Historia de Revistas Argentinas. Tomo II . AAER

INTRODUCCION

Nació bajo el signo del liberalismo conservador; conoció la apertura democrática y la experiencia inédita de tres gobiernos radicales. Después, fue testigo del primer golpe militar y pudo comprobar los excesos y la corrupción que imperó en la década infame, antes de apagar definitivamente las rotativas en 1939.

Había nacido a fines del siglo pasado, aprovechando hábilmente los avances técnicos de la época. Porque así como el adelante de la litografía había significado un importante paso, su uso periódico fue decayendo ante los adelantos mecánicos introducidos en la impresión por sistemas tipográficos, como el empleo de cromos y fotograbados, prácticamente estrenados por este semanario. Asimismo, por su contenido, donde abundaban noticias nacionales e internacionales -no solo relacionadas con la política o la economía, sino también con el arte, las ciencias y la cultura en general- la convertían en una revista popular y variada.

Por sus páginas desfilaron caricaturistas y renombrados escritores que hicieron historia en el periodismo gráfico. Caras y Caretas fue, además, la iniciadora en cuanto al empleo de la fotografía en sentido periodístico, pudiéndose encontrar excelentes trabajos de prestigiosos profesionales.

Historia

La revista Caras y Caretas tuvo su origen en Montevideo en 1890, sobre la base de una idea de Eustaquio Pellicer, un poeta humorístico nacido en Burgos, España. Pellicer había comenzado a escribir a los 15 años, cuando publicó en su pueblo natal un pequeño periódico llamado Don Javier. Luego, lo hizo en La Broma y en El Pabellón Nacional, de Madrid. Cuando emigró a estas tierras, trabajó en La Pellicelina y en Caras y Caretas, ambas publicaciones editadas en la capital uruguaya.

El 20 de junio de 1892 se trasladó a Buenos Aires, a raíz de una invitación de su amigo Bartolomé Mitre y Vedia, hijo del ex presidente y fundador del diario La Nación. Cabe señalar que su llegada a esta ciudad coincidió con el cierre del periódico Don Quijote, verdadera escuela de dibujantes. Entonces, Pellicer y su amigo decidieron reflotar Caras y Caretas en Buenos Aires. El sería su director, aunque un acontecimiento de fuerza mayor se lo impidió: Ia no aceptación de la independencia de Cuba por parte de España produjo que los naturales de ese país no fueran bien vistos en estas tierras. No parecía prudente presentar una revista dirigida por un español, más aún cuando ésta pretendía llegar a un público masivo. Fue así que Pellicer no pudo ocupar la dirección. La misma hubiera recaído en Mitre y Vedia, pero un nuevo escollo se presentó: el general Mitre no vio con agrado que su apellido estuviera involucrado en una revista destinada a satirizar y ridiculizar a sus adversarios políticos. Por tal motivo, se nombró para esa función a un escritor costumbrista que alcanzaría una bien ganada fama: José S. Alvarez, quien firmaba sus trabajos con varios seudónimos, pero que quedó inmortalizado con uno: Fray Mocho. El principal dibujante fue Manuel Mayol, un caricaturista político que firmaba como "Heráclito".

Caras y Caretas apareció en Buenos Aires el sábado 8 de octubre de 1898. Los canillitas lo voceaban "El Caricareta". Varios diarios anunciaron su aparición, como
fue el caso de La Prensa:

"El festivo semanario, anunciado con tanto gracejo por sus fundadores, ha aparecido ya, y su número primero no solo ha cumplido sus promesas colmado las esperanzas del público, sino que ha excedido unas y otras.

El señor Bartolomé Mitre y Vedia, que debía ser su director, anuncia en esta primera entrega haber renunciado a ese cargo y haberse separado de la empresa con gran sentimiento suyo, por causas de fuerza mayor relacionadas sin duda con las exigencias de otras ocupaciones".

También, el diario El Nacional le dio la bienvenida:

"Algo retrasado llegó a nuestras manos Caras y Caretas. Su primer número ha sabido responder a las esperanzas que el público cifró en ellas, siendo de esperar que este interesante semanario crítico-jocoso se abra camino entre los de su género. Le retribuimos complacidos el saludo que a su aparición envía a la prensa deseándole vida próspera y feliz".

Su Director

Se llamaba José S. Alvarez y le decían "El Mocho". Era del tiempo en que los José y los apellidos como el suyo estaban muy repetidos y la gente recurría a los apodos para identificarse.

Había nacido en Gualeguaychú el 26 de agosto de 1858. Era hijo de Desiderio Alvarez y Gadea, escribano uruguayo (su tío abuelo fue el teniente Gadea que figura entre los Treinta y Tres Orientales) y de Dorina de Escalada, descendiente de Celedonio Escalada, militar que sirvió a la causa de la independencia. Hizo sus estudios primarios en Gualeguaychú.. En 1872 pasó al internado fundado por Urquiza en Concepción del Uruguay. La clausura del establecimiento lo sorprendió en el tercer año, debiendo completar sus estudios en la Escuela Normal de Paraná, donde no logró el título de maestro a causa de una revuelta estudiantil contra el director José María Torres.

En 1879 llegó a Buenos Aires, iniciándose como periodista en el diario El Nacional, que dirigía Alberú. Más tarde, hizo crónicas policiales en La Pampa (de Ezequiel Paz) hasta ingresar, en 1881, a la Patria Argentina, de Eduardo Gutiérrez, de quien fue amigo, para incorporarse posteriormente a La Nación como cronista parlamentario.

Su primer libro, "Esmeralda", aparecido en 1882. Poco despues, en los folletines de La Razón y Sud América comenzó con éxito la publicación de sus cuadros de costumbres, bajo el seudónimo de Nemesio Machuca. Las escenas que pintó entonces están llenas de un sano sentido del humor y de realismo gráfico, pintaban al gaucho entrerriano y pampeano en su lenguaje y hábitos, con admirable precisión.

En 1886, a raíz de un a pleuresía, se manifestó la enfermedad que terminaría minando su organismo. Al abandonar el periodismo ese mismo año, ingresó a la policía como Comisario de Pesquisas, donde permaneció largo tiempo. En ese cargo, estuvo en contacto directo con los bajos fondos y con todos los exponentes de la sociedad porteña. De la información que acumuló, dio aconocer : "Galería de ladrones de la Capital- 1880 a 1887". Es también resultado de esta época el libro publicado en 1897, bajo el seudónimo de Fabio Carrizo: "Memorias de un vigilante", en el que ya se perfilaba como el retratista de las clases del "medio pelo" de 1870 hasta los primeros años del siglo 20. De esta manera, Fray Mocho se valía de la mujer bondadosa y regañona; el malevo de chambergo requintado; pantalón a la francesa y taquito militar ; el verdulero italiano ; el comerciante turco ; la solterona chismosa y engreída; el vigilante enamoradizo de morrión, polainas y sable; los boliches de paredes rosadas y los patios con parras.

Nombrado oficial mayor del Ministerio de Marina, se le encomendó contratar marineros para la Armada en la zona del litoral. Producto de este viaje por el Delta es su libro : "Viaje al país de los matreros" (1897). En Caras y Caretas con el seudónimo de Fray Mocho, publicó los "Cuentos y cuadros de la ciudad". Enfermo, viajó al Paraguay en busca de alivio. Luego regresó a Buenos Aires, donde murió el domingo 23 de agosto de 1903, a los 45 años. Lo sucedió en la dirección de la revista Carlos Correa Luna.

Los dos dibujantes que se destacaron, en la primera época del semanario, fueron Manuel Mayol y José María Cao y Luaces. Mayol era de origen español y de una apariencia física netamente gallega. Era un dibujante litógrafo que había trabajado en Don Quijote, donde firmaba con el seudónimo de Heráclito. Posteriormente regresó a España donde murió.

En cuanto a Cao, había nacido en Lugo. Llegó a Buenos Aires en 1886 cuando contaba con 23 años. Empezó ganándose el pan haciendo caricaturas relámpago a los transeúntes que poblaban el Paseo Colón. Luego, se vinculó a un taller de grabados y comenzó a colaborar en varias revistas, entre ellas El Sudamericano. Colaboró  activamente en Don Quijote, firmando como "Demócrito II ". Cuando se incorporó a Caras y Caretas, en 1898, también aparecían dibujos suyos en su propia revista, llamada El Cid Campeador, su primera experiencia editorial. Cao se retiró definitivamente de Caras y Caretas en 1912 y junto a muchos de sus compañeros de la revista editaron Fray Mocho, en homenaje al famoso cuentista. También trabajó en el diario La Nación y en Crítica. Cao falleció el 27 de enero de 1918.

Cabe preguntarse : ¿cuáles eran las diferencias entre Mayol y Cao ? Si bien los unía un denominador común, y que era el talento para reflejar la realidad, ya que ellos no eran solo dibujantes, sino "periodistas dibujantes", los trabajos de Cao apuntaban más hacia lo político y resultaba más evolucionado. En cambio, Mayol, no sólo se dedicaba a lo político, sino que le prestaba atención a lo cultural.

Los primeros números

Los primeros números constaban de 24 páginas y el 25% era ocupado por publicidad. En el Nro. 1 aparecía Alvarez como director, Pellicer como redactor y Mayol como dibujante. Claro que había otros que se destacaron en estos primeros años. Entre los dibujantes podemos nombrar al uruguayo Aurelio Giménez; los españoles Cándido Villalobos y Francisco Redondo, y el italiano Mario Zavataro. A Redondo se lo conoce como el autor de la primera historieta cómica hecha y publicada en nuestro país, "Sarrasqueta y Obes". Por su parte, Zavattaro era famoso por las brillantes caracterizaciones y descripciones que realizaba de los gauchos. Entre los escritores de estos primeros años se encuentran Banchs, Cané, Del Valle Inclán, Joaquín González, Lugones, Payró y Rodó, entre otros.

Los fotógrafos

Antes de comenzar el análisis de las publicaciones en si, no podemos dejar de mencionar a los fotógrafos. Desde el primer momento, Caras y Caretas dejó sentado su carácter ilustrativo. En tal sentido, no se descartaban los montajes fotográficos de temas políticos al estilo del maestro alemán John Heartfield. Sin embargo, a pesar de la importancia que se le daba a la fotografía, pocos profesionales firmaban sus trabajos o aparecían en su staff. Solo se menciona a su jefe, Salomón Vargas Machuca, y al responsable de los reporteros gráficos Modesto San Juan.

Caras y Caretas se autodefinió como "semanario festivo, literario, artístico y de actualidad". Aparecía los sábados y su redacción, dirección y administración se ubicaba en San Martín 284. Un dato por demás curioso: el precio de tapa comenzó siendo de 0,25 ctvs; a partir del número 13 bajó a 20 y así se mantuvo hasta 1939.

La revista constaba de dos portadas. Ambas contenían ilustraciones sobre hechos de actualidad. La primera estaba impresa a color y la segunda, en blanco y negro. Generalmente, estas portadas eran separadas por páginas que contenían noticias de índole internacional y culturales, además de la publicidad, que iba insertada -salvo en los últimos años- en las primeras y en las últimas páginas. Las portadas eran dibujadas por Cao o por Mayol, aunque a veces encontramos trabajos firmados por Zavattaro o Giménez.

Luego de la segunda portada, se encontraba la sección "Sinfonía", una suerte de editorial. Hasta su partida del semanario, Pellicer fue el encargado de escribirla. La primera columna marca la tendencia y el sentido que pretendían darle al semanario.

Más allá del carácter ingenioso y divertido que tuvo esta primera columna, en la sección "Sinfonía" se tomaba postura frente a temas importantes y a hechos cotidianos que preocupaban a la gente. De la misma manera que la editorial de un diario refleja la opinión del mismo, la brillante pluma de Pellicer volcaba en "Sinfonía" la postura de Caras y Caretas respecto a temas como el fraude, la situación económica, etc.

"Menudencias" era otra de las secciones fijas de la revista. Iba sin firma, y era pequeños comentarios sobre temas de actualidad.

"Caricaturas contemporáneas" eran dibujos a una página, a color, de personalidades de la política nacional e internacional, de la economía, de la cultura o de las ciencias. Estaba a cargo de Cao, Zavattaro, Mayol o Giménez. Asimismo, publicaban acuarelas de Fortuny, con el título de "Páginas artísticas".

Cuando en 1912 Cao y otros colaboradores dejan Caras y Caretas, la publicación abrió sus puertas a jóvenes elementos. Uno de ellos fue Ramón Columba, quien comenzó a descollar cuando dibujó la caricatura del dirigente conservador Marcelino Ugarte, al que asoció gráficamente con el criminal Santos Godino, conocido como el "Petiso Orejudo".

Otros integrantes que engrosaron la nueva generación fueron los dibujantes Juan Carlos Alonso, nacido en El Ferrol, el peruano Julio Málaga Grenet y Juan Carlos Huergo. También, trabajaban Nicanor Alvarez Díaz, oriundo de Oviedo, que firmaba con el seudónimo de Alejandro Sirio y el boliviano Víctor Valdivia. Cerraban este grupo el español Federico Ribas, conocido como "Mirko", el catalán Luis Macaya y Ramón Caballé.

Las últimas páginas estaban ocupadas por pasatiempos, tales como el ajedrez, o consejos para la familia, como "El cuidado de las manos" o "Cómo debe llevarse la
sombrilla".

Material publicado y postura frente a ciertos temas

Antes de detenernos a analizar el material publicado en Caras y Caretas, es preciso realizar una aclaración. La revista acusa dos etapas perfectamente definidas. La primera, va desde su fundación, en 1898, hasta fines de la primera década de este siglo. Sus fundadores pretendieron elaborar una publicación política-humorística, inspirada -en gran parte- en la revista alemana Simplicimus, de similares características. Con el correr de los números, comenzó a tomar cuerpo una tendencia de ampliar el espectro de la revista, publicando más noticias internacionales y dándole cobertura a determinados temas que,  primigeniamente, se habían ignorado. Es así como fue Pellicer y después Cao con otros companeros los que deciden tomar otro camino, editando PBT y Fray Mocho, respectivamente. Si se analizan las colecciones de estas publicaciones, se verá que las similitudes con la primera etapa de Caras y Caretas son muchas. Luego de las deserciones anteriormente mencionadas, el semanario continuó modelando su personalidad de "revista semanal ilustrada", tal como se autodefinió a partir de 1913, recortando sustancialmente el material de humor y de caricaturas. Del mismo modo, comenzaron a no tomar postura frente a los temas políticos, imprimiéndole un tratamiento meramente informativo. Lentamente, el semanario cambió radicalmente su personalidad.

En los primeros años, el eje político giraba en torno al presidente Julio A. Roca (1898-1904), que ejercía, por segunda vez, la primera magistratura. Así, cuando Roca viajó al sur en 1899, Caras y Caretas le dedicó la siguiente portada: Mayol dibujó a Roca despidiéndose del vicepresidente, vestido de mujer. Le pregunta: - ¿Me serás fiel?

Durante la ausencia de Roca, la revista cuestionó las atribuciones que se tomaba el vicepresidente. En el último número de enero, al vice lo dibujaron parado sobre la ciudad de Buenos Aires, con la siguiente leyenda:

¡Que cambio tan sorprendente!

Desde que Julio me dio

su banda de presidente

o se ha achicado la gente

me he agrandado yo.

La figura de Roca fue momentáneamente olvidada por la aparición de un elemento nuevo en la capital, el tranvía eléctrico. En la edición de abril, representaron a la parca, volando con un tranvía entre sus manos, pronta a depositarlo en la calle:

Quiso la muerte un día

que no quedase aquí bicho viviente,

y como otro recurso no tenía,

nos mandó ese tranvía

con el que está matando a tanta gente.

A pesar de las protestas, nada detuvo el proceso. Al año siguiente, Buenos Aires contaba con 11 compañías de tranvías.

Sin dudas, era crítica la postura de la revista hacia la administración municipal y central. Roca era sistemáticamente criticado, como cuando lo dibujaron vestido de rey:

Hay quien dice de su alta jerarquía

que ha sido obra de Dios, para que un día

nos hiciera felices aquí abajo;

más se puede afirmar que todavía

a nadie ha hecho feliz sino a Gramajo.

O cuando atacaban la política económica, dibujando en la portada una caja fuerte con la inscripción "Caja de Conversión", cuya tapa -troquelada- el lector podía abrir. Dentro solo había telarañas:

Presentamos la caja con la puerta

completamente abierta,

por si a nuestros lectores les conviniera

ver lo que adentro tiene.

En 1901 continuaba latente el conflicto limítrofe con Chile, gastándose cerca de 80 millones de pesos en preparativos bélicos. En "La panacea del canciller", aparecen dos chicos peleando. Interviene el ministro:

-      No se peleen, muchachos.
-     Y si éste no hace más que embromarme. ¿Qué quiere que haga?

-          Un protocolo.

La noticias policiales también comenzaban a tener su lugar en el semanario. Eran frecuentes las noticias en forma de verso, como las de Luis M. Blázquez; o hechos policiales en forma de crónica, donde se relataban distintos hechos, tanto presentes (como los crímenes del Neuquén) o evocativos, como la muerte de Juan Moreira. Estos últimos eran completos informes, con una extensión que no bajaba de las 4 páginas. El de Moreira lo firmaba Fabio Carrizo, e incluía entrevistas a testigos de la época, fotos e ilustraciones.

Incompleto quedaría este análisis sino mencionáramos a uno de los blancos predilectos de Caras y Caretas: los diputados. Aún faltaba cerca de una década para la sanción de la ley Sáenz Peña, del voto universal, secreto y obligatorio, y las prácticas deshonestas en los comicios -que muchas veces encumbraban a oscuros personajes nada menos que al Congreso Nacional- sumado a la inactividad que éstos acusaban en sus bancas, fomenta- ban el descreimiento de la población hacia la clase dirigente. En agosto de 1903, una caricatura mostraba a un hombre parado sobre un banco, en el Congreso, que está quitando hojas a un almanaque. Otro se le acerca y le pregunta:

-¿Qué está usted haciendo?

-Suprimir los días de holganza.

-Pues va usted a tener que dejarle solo el cartón del

almanaque del Congreso.

El director, Correa Luna, también resaltaba el grado de corrupción imperante:

-¡No se achique, dotor... Si 20.000 pesos no son ni

esto pa un diputao que solo con hacers'el sonso de

ocasión en ocasión, gana más plata en una semana

qu' el mesmo anchorena en un año! ¡P' cha si yo

juera del Congreso!...

Resultaba relativamente sencillo al oficialismo con todos los resortes del poder en sus manos- ganar una elección. En febrero de 1904 esta situación se explicaba dibujándolo al presidente Roca, rodeado de gatos, a punto de darles de comer, con la siguiente leyenda:

"Si él hace la más leve de las señales,

toda la numerosa hueste felina

acude diligente. ¡Qué disciplina

tienen sus elementos electorales!

Sin embargo, el presidente había perdido un importante aliado. Tres años antes, se había peleado definitivamente con Carlos Pellegrini, a raíz de la conversión de la deuda pública y de la publicación de una cláusula que permitía a los prestamistas intervenir en los asuntos internos del Estado argentino. Esto indigna a Pellegrini que, sintiéndose abandonado por Roca, se pasa al bando opositor. Fue la gran noticia del momento y nunca volvieron a amigarse. Cómo fue explotada esta situación por Caras y Caretas? Dibujándolo a Roca sentado en un escenario, Pellegrini detrás y la audiencia escuchando

atentamente. Pellegrini, señalando la cabeza del presidente, decía:

"¡He aquí un ejemplo de mis afirmaciones. Esta protuberancia, señores, revela en el sujeto desmedidas ambiciones de mando. Desconfiad de todo aquel que presente semejante particularidad!". Mayol recurría a una disciplina muy en boga en esos años, que buscaba explicar el carácter y la personalidad por la fisonomía, la frenología, a fin de describir las ambiciones del presidente.

Fue durante la revolución radical de 1905 cuando Hipólito Yrigoyen comenzó a ser caricaturizado en Caras y Caretas. En julio Cao lo incluyó en sus "Caricaturas contemporáneas".

Inútiles habían sido los intentos de las autoridades de apresar a Yrigoyen, cabeza visible de la revolución radical de febrero de ese año. La revista dedicó, en sus números 332 y 333, un total de 18 páginas, donde las fotos (de movilización de tropas, heridos, detenidos) superaban ampliamente al texto. No obstante la magnitud del hecho, la intentona radical no fue tapa de Caras y Caretas, si bien condenó el hecho. Asimismo, el semanario aprovechó para castigar al ex presidente Roca quien, de Córdoba partió raudamente a Santiago del Estero, lo que se interpretó como una huída, temeroso que las huestes radicales tomaran represalias contra él:

 "Pero no pensemos mal:

 el hombre huyó velozmente,

 más no como presidente

 sino corno general".

La Argentina se acercaba a su centenario. Pronto comenzarían los festejos, aunque la inquietud social se hacía notar, siendo frecuentes los atentados anarquistas. Llegaron a colocar una bomba en la puerta de la Casa de Gobierno, que no estalló. El cenit de los disturbios se alcanzó durante los festejos de 1 de mayo, donde se produjo un violento choque entre policías y obreros, en Plaza Lorea. Como ocurrió con la revolución radical, estos hechos no fueron tapa. El material fue ordenado de la siguiente manera: 7 páginas ubicadas luego de la información internacional, con fotos de velatorios y entierros de las víctimas. A continuación, una nota de Soiza Reilly a Anatole France (que ese año había visitado el país), culminando con otras 8 páginas con fotos muy buenas acerca de los disturbios. A raíz de la huelga decretada, el número 553, que debía salir el 8 de mayo, aparece el día 15 con la numeración 553-554.

En 1910 se realizaron los festejos del Centenario. Entre los personajes ilustres que visitaron nuestro país para sumarse a esto actos conmemorativos, se encontraron la Infanta Isabel de Borbón; el presidente de Chile; Georges Ciemenceau y Guillermo Marconi. De todo el mundo llegaron obsequios, como el Monumento a los Españoles. Pero no todo era alegría. Mucho se criticó, entonces, a la comisión que organizó los festejos. Así lo reflejó "Sinfonía':

"... la cosa es que desde que se instaló la comisión del centenario con sus 300 miembros, se revelaron síntomas inquietantes. Después, cuando la comisión se redujo al tercio, los síntomas aumentaron, y a medida que disminuía el número de miembros, estos síntomas crecían pavorosarnente. Por último, un aficionado a estadísticas, formuló la siguiente ley: la cantidad de locos está en razón inversa del cuadrado de la comisión (   ... ) Cada uno tiene su propio proyecto, su plan exclusivo de gran homenaje, que hará estremecer de orgullo en sus tumbas centenarias a los pulverizados huesos de los próceres..."

Si bien del Centenario no se habló en la revista durante todo ese año (y aún en algunos números del año anterior, que ya la expectativa era mucha), el material relacionado con los festejos lo podemos encontrar en el ejemplar del 25 de mayo, que consta de 372 páginas y contiene 87 de publicidad. En el mismo, encontramos textos relacionados a la fecha patria. En el número siguiente, la Infanta Isabel -que fue el personaje del año- fue tapa. Se publicaron 18 páginas con fotos de ella en distintos lugares de Buenos Aires.

Al margen de este importante suceso, cabe señalar que el contenido del semanario era contrario a la presidencia de Figueroa Alcorta, el que era criticado sistemáticamente. El semanario no le perdonó la intevención a Córdoba, del cual era oriundo el primer mandatario y el cierre del Congreso, en 1908. Ocurrió que en ese año la votación del presupuesto fue retardada por la oposición durante meses, y ese fue el pretexto de Alcorta para cerrarlo temporariamente. Más adelante, logra que la fuerza oficialista Unión Nacional ganara las elecciones de renovación parlamentaria. De esta manera, Alcorta                 obtuvo el control de la mayoría. Quizás baste una caricatura de Cao para sintetizar el sentimiento que provocaba Alcorta. Su sucesor, Roque Saenz Peña, con tres colaboradores, comentaban:

"- Se fue el amigo Figueroa. ¡Qué bueno es! A mí me ha dejado su retrato con dedicatoria.

- A mí me ha dejado un abanico japonés.

- A mí me ha dejado unos anteojos de campaña. Y a usté, señor presidente?

- A mí me ha dejado en paz, y le estoy agradecido".

Caras y Caretas por 1910 se estructuraba de la siguiente manera: la política nacional tenía poco espacio, cerca del 3 %, pese a los temas tratados. La vida cotidiana concentraba el 22 %, la cultura un 13 %, y la publicidad un 38 %, lo cual demuestra que la revista era un negocio próspero en la Argentina del Centenario.

El mes de febrero de 1912 fue de singular importancia para el país. Se promulgó la ley electoral, que estableció el voto secreto y obligatorio. Para que esta iniciativa prosperara, hizo falta que el radicalismo levantara la abstención electoral, lo que le permitió ganar primero los comicios en Santa Fe y poco después en Capital Federal y en otras provincias. Esta situación comprometió políticamente a Saenz Peña, lo que motivó que ciertos sectores -que por años se favorecieron con un sistema electoral fraudulento- trataran de derrocarlo. Pero también en febrero se produjo otro hecho que tuvo amplio eco: la caída de la piedra movediza de Tandil. Estos dos hechos disímiles fueron aprovechados por Cao. Mostraba a la piedra movediza con la figura de Saenz Peña, que la trataban de voltear:

-          Aquí me tienen ustedes ahora haciendo de agente cosmográfico; pero esto ni se mueve, ni quiere venirse abajo.

Ese mismo año se produjo la ida de Cao y de varios colaboradores, quienes fundaron Fray Mocho. Ya no sale "Sinfonía" (que comienza a publicarse en Fray Mocho). En su lugar, se publican columnas de actualidad que llevaban distintos títulos: "Misiva gauchi-política" o "Paradojas parlamentarias". Empieza a salir, para los niños, "Las aventuras de Viruta y Chicharrón", quienes se enfrentaban a las más variadas situaciones, pero que -invariablemente- terminaba con la misma frase: "Llamá a un automóvil".

También se nota un cambio en las portadas y en el logotipo del semanario. Comienzan a aparecer más notas de color y de interés general, tales como el problema de la uva o el comportamiento de los taxímetros. En 1913 el intendente Joaquín S. de Anchorena decidió abrir las diagonales. La revista publicó una acuarela de Villalobos, desplegable, sobre el aspecto que presentaría la ciudad con la obra terminada. No sólo Buenos Aires se transformaba, sino que se veían avisos sobre Mar del Plata, ofreciendo lotes en venta del "primer balneario de la América del Sur, con el puerto que será la Southampton argentina".

Apareció en ese mismo año una nueva sección, llamada "Concurso de postales", que eran pequeños dibujos con diálogos sobre temas de actualidad. Como ejemplo, podemos citar un diálogo entre un profesor y un alumno:

Prof.: Si un obrero puede terminar una obra en 50

días, en cuánto tiempo lo terminarán 50 obreros?

Alumno: Es imposible saberlo.

Prof.: Por qué?

Alumno: Porque si fueran 50, probablemente se declararían en huelga.

En 1914 estalló la primera guerra mundial. El semanario forjaba su personalidad definitivamente como "revista semanal ilustrada", con notas como "El domingo en el conventillo" o "A través de las sierras". O crónicas policiales, como el asesinato de Livington, donde se publicaron fotos con la reconstrucción del hecho, una constante que se mantendría por muchos años. Las primeras páginas contenían noticias internacionales, y a partir del estallido de la guerra, se incluiría una completa información acerca del movimiento de tropas, anécdotas de la guerra, entrevistas a militares, etc.

En el orden nacional, Caras y Caretas mantuvo una posición crítica hacia los diputados. Como cuando dibujaron una máquina gigantesca, donde salían leyes. Al lado, un diputado le explicaba a "Juan Pueblo":

- Aunque todo el año nos pasamos sin hacer nada en cuanto llega el final del período, hacemos funcionar esta máquina y lanzamos una ley por minuto.

- ¡Así salen ellas!

Mayol, por su parte, dibujó la fachada del Congreso, de donde colgaba un cartel que decía "Fábrica de sebo", mientras los diputados salían del edificio.

Ese año había estallado una crisis financiera. La guerra europea repercutiría en nuestra economía, paralizándose el comercio exterior de carnes y granos. Al suspenderse el arribo de productos manufacturados y combustibles, aparecieron trastornos económicos de todo tipo que el estado no podía resolver. Por tal motivo, el semanario representó al presidente y a los ministros, caminando de un lado hacia otro, con los ojos cerrados:

-Tardío, pero seguro: al fin, parece que nuestro gobierno se ha orientado de una manera definitiva.

Por su parte, Yrigoyen era mencionado cada vez más. La revista, en 1915, lo daba por ganador. En la tapa de diciembre, acompañado por Cantilo, mira por unos binoculares que reflejaban el sillón presidencial:

Cantilo: Estoy convencido que va mejorando la época.

Yrigoyen : Y yo también. En dónde quiero que dirijo

la vista, veo cosas halagadoras.

De todas maneras, el desarrollo de la guerra mundial ocupaba la mayor cantidad de páginas. Se publicaban notas gráficas y crónicas bélicas, con el título "Caras y Caretas en la guerra", firmadas por Javier Bueno, que se prolongarían hasta la finalización del conflicto.

La revista hacía encuestas sobre el conflicto, acerca de cómo creían los argentinos que terminaría la guerra. De todas maneras, la publicación ya había tomado partido a favor de la neutralidad argentina

¿Y el humor? Salvo la tapa y algunos escasos dibujos, entre los que incluimos una página de caricaturas de revistas extranjeras, no existía.

En abril de 1916, Caras y Caretas comenzó a editar una publicación mensual, llamada Plus Ultra. Ya el año anterior había lanzado un concurso para encontrarle un nombre a "una publicación ilustrada", con un premio de 300 pesos para el ganador. Esta revista fue presentada como el suplemento de Caras y Caretas y colaboraba todo  el staff del semanario. Su primer número salió a la calle el 22 de abril y su precio era de un peso.

En abril de 1916 se celebraron los comicios presidenciales, donde resultó electa la fórmula Yrigoyen-Luna. El semanario publicó mucho material sobre las campañas proselitistas. Sin embargo, Caras y Caretas no se jugó abiertamente por el gobierno de Yrigoyen. En su portada de septiembre, dibujó a dos hombres frente a un teatro, con afiches del presidente electo, y una multitud pugnando en la boletería por sacar su entrada:

-¡Que raro es el público! ¡No se sabe todavía cómo son

los actores y ya ve usted el éxito!.

Y cuando asumió, lo representaron junto a su gabinete, marchando. El presidente llevaba una pancarta de Alem con la famosa frase "Adelante los que quedan":

- Ya están adelante. Ahora lo que importa es no quedarse atrás.

Por entonces, ya era popular la parquedad del presidente y su retraimiento. Es muy jugosa la nota escrita por Emilio Dupuy de Lome, titulada "En busca de don Hipólito". Le habían encargado realizarle una nota en su domicilio (días antes de que asumiera como presidente), pero Yrigoyen no se dejó ver. Entonces, el cronista recurre a entrevistar al peluquero de Yrigoyen, al cartero que le lleva la correspondencia, al repartidor de pan,      y logra tomar un par de fotografías del presidente electo, espiando desde un balcón.

El mandatario radical gobernaría de una forma muy particular. En la Casa Rosada solía recibir a gente común, quienes hacían largas colas para poder hablarle; no concurría al Congreso a pronunciar el tradicional discurso con que se abrían las sesiones los 1 de mayo. Los roces no tardaron en llegar y fueron rápidamente captados por el semanario. Así, Redondo le hacía decir a un anciano que representaba al Senado:

- ¿Nos avisaron los nombramientos del Concejo Deliberante?.

No, señor.

-¿Y de los directores de banco y demás funcionarios?...

-Tampoco.

-¿Pero no sabe el señor presidente que necesita de mi acuerdo?

- Qué quiere, señor, vivimos tiempos nuevos en que se ha

perdido la memoria y no se respeta ni a los papás.

La revista también publicó una tapa de Yrigoyen, junto a su gabinete, en un banco a punto de hundirse, con el fin de graficar los problemas para gobernar:

- Gómez: Señor, el barco está con averías y habrá que

arrojar la carga al agua, si queremos salvarnos.

- Yrigoyen: No hay inconveniente. ¿Ustedes saben nadar?.

El semanario continuaba con su tónica de publicar escaso humor, cuyo lugar era ocupado por otras secciones, como la dedicada a la cinematografía, que comenzó a publicarse en 1910, o notas sociales, firmada por la "Dama Duende". En esta columna, se incluían chismes y rumores, generalmente sin dar nombres.

Asimismo, en 1916, apareció una sección que se mantendría por varios años, y que fue el "Consultorio de Caras y Caretas". En ésta, se contestaban preguntas de los lectores sobre arte, ciencia, historia, geografía, curiosidades, etc.

Si bien las informaciones sobre la primera guerra mundial eran cada vez más escasas, el número del 21 de diciembre de 1918, fue dedicado exclusivamente a la victoria. La portada fue dibujada por Alvarez y contenía 220 páginas con una variada información del conflicto.

1919 sería un año nefasto para la administración radical. Se produjeron 367 huelgas, de las que participaron alrededor de 300.000 obreros. Pero el hecho que queará en la historia será la denominada "Semana trágica", donde huelguistas de la fábrica metalúrgica Vasena fueron reprimidos por la guardia de caballería, con un saldo de varios muertos y heridos. Caras y Caretas tomó abierto partido en el conflicto, centrando su ataque en los inmigrantes, a juicio suyo, responsables de los disturbios sociales que, desde comienzos de siglo se producían. Así, expresó que "el derecho de petición es justo; pero la imposición que los ácratas propalan no se puede aceptar de ninguna manera (...) Quizá es culpa de todos, pero con nuestra apatía hemos tenido abiertas las puertas a todo elemento maleante del mundo entero (...) no hemos estado formando nuestra nacionalidad durante años para verla destruida por hombres a que nada debemos, y que no son elementos útiles ni recordables". En la edición del 18 de enero, se le dedicó 16 páginas con muchas fotos y poco texto. La segunda portada era una foto de médicos y practicantes de la Asistencia Pública: "Los abnegados de la semana". También, se incluyó un dibujo de Alonso, titulado "La agitación obrera en la capital".

El semanario reclamaba que el gobierno tomara las medias correspondientes. En "El mal ejemplo", Alonso así lo graficó:

Profesor: A ver, niño, conjúgueme el verbo renunciar.

Discípulo: No puedo, señor.

Profesor: Por qué?

Discípulo: Porque estudeo para ministro.

Ante la inminencia del cambio de gobierno, Alonso dibujó una cara que, viéndola de un lado, es la de Alvear y, vista en sentido inverso, la de Yrigoyen. Su título es:

¿Cuál será el futuro presidente?".

Paulatinamente, Caras y Caretas forjaba su personalidad en base a notas de actualidad y de interés general -algunas pocas mezcladas con humor, como las firmadas por Luis García-; otras sociales y cuentos a modo de folletines, insertados en las primeras páginas. Las tapas de fechas evocativas, como el 25 de mayo, el 9 de julio o Semana Santa hacían alusión -invariablemente- a ellas.

En cuanto a la segunda portada, antes ocupada por un dibujo en blanco y negro, fue reemplazado por una fotografia, generalmente de actos oficiales, en los que intervenía el presidente, algunos de sus ministros o una personalidad extranjera de visita en el país. El escaso humor lo encontramos en la sección de una página de Sirio titulada "Dicho y hecho", en alguna caricatura o en la historieta de Sarrasqueta y Obes, que siguió publicánose hasta bien entrada la década del 30.

En cuanto al deporte, las primeras notas las encontramos por 1909 bajo el título de Sports": eran crónicas de las principales carreras turfisticas, situada en la primera página.

Con la popularización del fútbol, fueron incluyendo notas de partidos internacionales, como el Everton-Alumni o el Tottenham Hotspur-Argentinos, jugados en el país. Se decía "football" en lugar de "fútbol"; "gol"se escribía "goal" y equipo "team". En abril de 1927 la revista anunciaba que se "dedicará varias páginas de su sección ilustrada a los deportes en general, y dará semanalmente la nota gráfica más perfecta de todo lo que atañe directamente al sport. Dedicará, además, al automovilismo, una sección de texto".

Recibió una cobertura especial la pelea Firpo-Dempsey, celebrada el 14 de septiembre de 1923 en Estados Unidos. Fueron 4 páginas de secuencias fotográficas, con un detalle curioso: no se criticó la actuación del juez, quien hizo continuar la pelea luego de que Dempsey fuera arrojado por Firpo fuera del ring, permaneciendo fuera del cuadrilátero por más de 30 segundos. En la crónica se señalaba:

"La emocionante caída de Dempsey -cabeza abajo- fuera del 'ring', lanzado por el puño de Firpo con una violencia inaudita por sobre las cuerdas, yendo a chocar bruscamente cerca de un espectador, lo que provocó un momento 'único' de estupefacción en la enorme ola humana que llenaba el estadio. Es indiscutible que tal puñetazo 'contenía la suficiente dinamita' a que se refiriera Jack Dempsey"

Las primeras informaciones sobre el tango las hallamos por 1924, con notas como "Los maestros del bandoneón".

Mucha de la información política de entonces giró en torno a la relación entre Yrigoyen y Alvear. En el traspaso de mando (donde encontramos una completa cobertura en el número del 21 de octubre de 1922) se dibujó a Alvear con la banda, mientras el ex presidente le decía:

-Aquí la tiene. Cuídela mucho. A pesar de las preocu-

paciones que causa, se acostumbra uno a ella de tal mo-

do que ¡Cuesta tanto dejarla!.

Abundaban los dibujos de Parpagnoli, de Alvarez, quien se encargaba de las "Figuras de actualidad" y Valdivia se encargaba de "A punta de lápiz", mientras Van Riel fotografiaba a mujeres, en su sección "Siluetas aristocráticas". Edmundo Encina firmaba la columna "Desde el mirador", donde hablaba desde el accidente de aviación de El Palomar, pasando por los letreros escritos en "lugares extraños" y terminando con los donjuanes del tranvía.

Asimismo, a partir de ese año, Caras y Caretas publicó novelas cortas de autores nacionales. Fue así como los lectores encontraban, en las primeras páginas, textos de Payró, Capdevila, Carrizo o Gálvez, entre otros.

Era cantado que Yrigoyen volvería a ser presidente. En enero de 1928, Alvear -de cocinero- con una sartén de mango largo, sostenido por Yrigoyen, ubicado en las
espaldas de Alvear, quien decía:

-La sartén por el mango, la tengo yo...

El escritor Gerchunoff firmaba la sección "Bajorrelieve de grandes y pequeños hechos", mientras Soiza Reilly realizaba notas desde Europa. La revista incluía dibujos de los escritores del momento, entre los que descubrimos a un joven Jorge Luis Borges, de quien Valdivia opinaba:

"Es un crítico de espíritu poético. Evoca las cosas viejas, los matices desvanecidos de la vida porteña. Lo hace con un arte complicado; siempre con gusto personal"

¿Cuál fue la postura de Caras y Caretas frente al golpe militar del 6 de septiembre de 1930? Entonces dijo que "la revolución del 6 de septiembre pasará a la historia como uno de los hechos más importantes desarrollados en el escenario argentino (...) La revolución tuvo el imperio de levantar el patriotismo del pueblo hasta límites insospechados". Plus Ultra , el suplemento mensual de la revista, le dedicó un número especial, con el título de tapa: "Viva la Patria".

Publicaban notas acerca del general Uriburu en todos los números, pero sin relacionarlo con la marcha del gobierno. Es así como nos encontramos con coberturas como "El presidente del gobierno provisional en las manifestaciones deportivas":

La entrega del trofeo a la campeon nacional de tenis por el teniente general Uriburu constituyó una interesante nota, reveladora del entusiasmo que en el presidente del Gobierno Provisional despiertan las luchas deportivas, a las cuales aporta el prestigio de su presencia con singular asiduidad.

Lejos habían quedado las críticas que la revista le había hecho al entonces coronel Uriburu, cuando fue incluido, por Alonso, en "Caricaturas Contemporáneas". Entonces, se escribió:

"Si como director de la Escuela Superior de Guerra se reveló como militar estratega, como diputado resultó un recluta desconocedor de la táctica parlamentaria".

Pero eran otras épocas. Ya no había caricaturas del poder gobernante, aunque sí de los políticos, a quienes no dejaban bien parados. Como cuando a Crotto, Di Tomaso, Repetto, Santamarina, Tamborini y otros los dibujan pescando, con una carnada que dice "Promesas" que los peces, riendo, no muerden. En contraposición, los efectivos del Colegio Militar que habían participado del golpe, eran denominados "Los cadetes de la gloria". Del mismo modo fueron benevolentes con la Legión Cívica (una organización paramilitar, de inspiración fascista, que acompañaba a las fuerzas de represión contra quienes eran considerados agentes subversivos), que apoyaba abiertamente a Uriburu, al calificarlos de "...personas de distintas categorías sociales, que conforman un verdadero espectáculo democrático (...) Es una manifestación de carácter patriótico".

Cuando se anunciaron las elecciones de abril de 1931 (que serían anuladas luego que se conociera el triunfo radical en Buenos Aires), Caras y Caretas publicó pequeños artículos firmados por los candidatos. Las opiniones del semanario hay que rastrearlas en las tapas. En una de ellas, una mujer -"La política"- frente a una torta que dice 'Elecciones", exclama:

-          ¡Trabajo me va a costar elegir la figura que corone el postre!

Lo que resulta por demás extraño es el poco espacio que el semanario le dedicó a la muerte de Hipólito Yrigoyen, ocurrida el 5 de julio de 1933. Porque, más allá de la personalidad o trayectoria del difunto, Caras y Caretas siempre prodigó elogios o palabras respetuosas a los políticos fallecidos. No fue este el caso. En la edición del 8 de julio adelantaron dos páginas con fotos de archivo y recién en el número del 22 de ese mes, sólo publicaron una fotografía de Alvear, Pueyrredón y sus esposas, en el responso rezado en la Basílica de Luján.

Por esta época, la revista incluía notas de archivo, que habían sido publicadas a comienzos de siglo, bajo el rótulo de "Páginas olvidadas".

En materia política, se destacó la rivalidad entre Alvear y el presidente Justo. El radicalismo había levantado, en 1935, la abstención electoral. Entonces, fueron representados por Valdivia como dos gallos de pelea:

Escenas criollas: la riña de gallos

Pese a todo, algunos especialistas sostienen que Caras y Caretas fue la revista que, durante el gobierno de Agustín P. Justo, abundó más en el humor político, como cuando calificó al presidente de "Acorazado misterioso", señalando que "el presidente Justo sigue adelante con sus planes de gobierno sin escuchar al pueblo ni a los políticos. Nadie sabe cuáles son esos planes" .

En 1936 la revista aparecía mucho más ilustrada y se dejó de lado la diagramación mantenida hasta ese momento, de insertar los avisos en las primeras y últimas páginas y el material fotográfico en las centrales, sino que tanto la publicidad como las ilustraciones se distribuían proporcionalmente a lo largo de la publicación.

Sin embargo, esta renovación no le bastó para ponerse a tiro de otras publicaciones que, surgidas en la década del 30, se basaban en parámetros más modernos y ágiles. Caras y Caretas había cumplido su cielo y lo había hecho dignamente.

La Publicidad

Desde sus inicios, la publicidad tuvo una importante presencia en el semanario. Comezó abarcando el 25 por ciento del total de las páginas y, desde entonces, acusó un progresivo aumento que, con pequeños altibajos, alcanzaron su punto culminante en 1920 donde el material publicitario ocupaba la mitad de la revista. Luego, inició una lenta curva descendente hasta 1931, con un 36 por ciento de publicidad. De ahí en adelante, la inversión publicitaria bajó abruptamente al 17 por ciento, o sea la mitad, para terminar, en 1939, con casi el 10 por ciento. Cabe señalar que el número de páginas fue en  progresivo aumento desde 1898 a 1912; entonces, retrocedió hasta 1919 (seguramente por la escasez de papel durante la Primera Guerra Mundial); volvió a aumentar hasta 1929, conteniendo -los últimos años- un número similar a 1910/1911.

Entre los principales anunciantes de Caras y Caretas, podemos citar a Aceite Bau, que estuvo en el semanario desde comienzos de siglo hasta 1930. También publicaban en los primeros tiempos Cigarros Monterrey, que por 1909 publicaba en la contratapa un diálogo de fogón, entre los paisanos Trillo y Malvarez, firmado por Enrique Fontanarrosa  y Digestivo Mojarrieta. La Casa Tagini, por su parte, anunciaba en 1905, "un invento sensacional: un gramófono más perfecto que las mejores máquinas parlantes conocidas hasta hoy!". Casa Róveda ofrecía ropa para obreros, mientras que el Compuesto de Apio de Paine prometía embellecer el cutis. Los pianos se vendían en la casa Breyer, la ropa en Tiendas San Juan, mientras que la Iperbiotina Malesci "nutre los nervios".

Ginebra Bols aprovechó una de las secciones del semanario para la confección de su aviso: "Caricaturas contemporáneas de la Ginebra Bols. La más fina y mas aromática que se conoció".

Asimismo, encontramos las publicaciones testimoniales: "Cómo desaparecieron por completo las arrugas de mi rostro", por Harriet Meta Smith, de New York, Pilol prometía hacer crecer el cabello y en la Argentina del Centenario se podía ir de compras a Harrod's.

En la campaña presidencial de 1916 se podían leer avisos como el siguiente:

¡Radicales! Este curioso medallón cinematográfico, es la 'mascota' de nuestra victoria. Ofrecemos una maravillosa medalla cinematográfica, en oro 18 K; puede usarse como colgante de cadena de reloj, collar, etc. Puesta en movimiento mediante un golpecito o un soplo reproduce por encanto la leyenda 'triunfarán los radicales".

Además de los cigarros, un anunciante afirmaba que "La gente chic fuma Reina Victoria".

Se aprovechaba el momento político, como el de un jabón, que publicaba en 1930: "Ha estallado una revolución... En la industria. El admirable jabón Flores Cuyanas".

También encontramos avisos en idioma extranjero como 'La Patria degli Italiani"", publicado a doble página, en 1909.

Por último, el Instituto Laval decía curar "el envenenamiento de la sangre", y algunos anunciantes ofrecían regalos, como el aceite Bau, que obsequiaba a los niños el plato de mesa del General San Martín, mostrado en un aviso desplegable a todo color.

Las Historietas

La primera tira que encontramos fue "Aventuras de Viruta y Chicharrón", en 1914. Pero como lo aseguran los especialistas, el primer personaje de historieta que apareció en nuestro país, lo hizo en Caras y Caretas, y se llamaba "Don Goyo Sarrasqueta y Obes". Era una creación de Manuel Redondo, y solía aparecer escrito en tercera persona. Enfrentaba las más variadas situaciones: tal es así que en 1915 encontramos la tira "Sarrasqueta en la guerra". En 1919 apareció la historieta "El L.C. Timoteo y el pesquisa Doroteo" creado por Macaya y en 1927 Hersfield publicó a "Abraham Kancha, experto en, Uper" un personaje mitad criollo, mitad judío, que lo presentaba así: "¿Romperme una hoieso? Ni vos, ni la negro Kin Charol, ni Firpo, ni nadie mi dieja groggy".

Dos años más tarde apareció "Las aventuras de Chingolo", de Percy Crosby, que sería la inspiración de una película realizada en Estados Unidos. Luego de 1930, se hizo muy popular la tira "Las desventuras de Maneco", de Linage, quien, al verse en apuros, exclamaba: "Sonaste, Maneco", frase que entonces se convirtió en uno de los dichos preferidos de los porteños. En los últimos tres años, fueron muchas las historietas que se publicaban, todas seguidas, y a color. Entre otras, podemos mencionar a "Los G-Men, la guerra implacable contra el crimen organizado"; "Velita y Velorio"; "Napoleón, el perro meterete del mundo", por Clifford Mc Bride; "Hazañas de Don Dum, agente secreto Nro. 48" y "Las Aventuras de Lita y Susy, dos periodistas rivales", por Barret Russell y Ross.

Los Concursos

En el anuario correspondiente a 1904, Caras y Caretas anunciaba una novedad para la época: un concurso infantil de caricaturas, para niños de hasta 12 años. Debían optar por dibujar, a pluma o con tinta negra, a Mitre, Roca, Pellegrini, Guido Spano, Riccheri, Beazley, Mansilla, Uriburu y Quintana. El premio consistía en 100 juguetes de la casa "A la Ciudad de México", que se repartirían entre los ganadores.

Al año siguiente, se publicaba una foto con un personaje, cuyo rostro estaba deliberadamente tapado. Quien adivinara su nombre, se hacía acreedor de localidades en el Teatro Victoria y de la Comedia. Pero el concurso más importante -por el premio en juego- fue realizado en 1909, cuando regalaba un chalet, en Villa del Parque, a quien acertara el primer número de la Lotería Nacional.

También, el semanario llamó a un concurso, en 1910, para dibujar la portada del número del 25 de Mayo, el que "tendrá que simbolizar la independencia de los pueblos americanos". Una curiosidad: todos los premios eran en dinero en efectivo, pero no pesos, sino francos.

En 1914, la revista lanzó el concurso de postales, donde los lectores debían enviar dibujos con una leyenda, que eran publicados en la primera página. Por cada dibujo publicado se le abonaba al autor 5 pesos. Asimismo, cuando falleció Rubén Darío -quien había colaborado en el semanario- se organizó un concurso de sonetos a su memoria, con un premio de mil francos. Otro concurso literario similar lo encontramos en 1923, de novelas cortas e inéditas. La revista aclaraba, que si bien el tema era libre, "no debía ofender ni a la religión ni a la moral". Se presentaron más de 800 trabajos.

Otro de los certámenes que tuvieron una gran acogida en los lectores fue el concurso de belleza infantil. Se debían mandar fotografías de niños, que eran publicadas en la revista, y la gente votaba. El ganador se hacía acreedor de mil pesos, depositados en una libreta de ahorro a su nombre. Cuando el fútbol había alcanzado un auge indiscutido, aparecieron los concursos futbolísticos. El lector debía adivinar quienes serían los primeros cuatro equipos de la Copa de Honor y Campeonato de la Asociación del
Foot-Ball Argentino, año 1936. El premio consistía en dinero.

Caras y Caretas en la Radio

En 1936, Caras y Caretas anunció el lanzamiento de su audición por LR 3 Radio Belgrano. Por entonces, esta emisora competía, en el primer puesto, con Radio El Mundo, que había sido fundada en noviembre de 1935. Se emitía todos los lunes a las 13.45hs., considerado como uno de los horarios de mayor rating. Entre otros, participaron la escritora Ethel Kurlat, quien realizaba evocaciones históricas; el doctor Marcos Victoria recitaba versos; Fernando Ochoa interpretaba poemas gauchescos. Por su parte, la cuentista María Suasnábar ejecutaba el piano y Danero hacía comentarios cinematográficos. Asimismo, se interpretaban comedias, entre los que se destacaron Lola Membrives y Alfonso Muñoz Roberto Firpo como amenizador. El animador era el locutor Carlos Zel y el asesor técnico Tito Martínez Delbox.

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