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"Hortensia"

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Fuente: Hortensia "Por amor al humor" de Aracely Maldonado y Silvana Zanelli. Historia de Revistas Argentinas Tomo III. AAER

INTRODUCCION

"La risa cuando puede participarse hermana a los hombres", dijo la escritora cubana Dulce María Loynaz y agregó: "No es difícil llorar en soledad y es casi imposible reír solo".

Aquello que nos hermana, también nos identifica y nos distingue. A los cordobeses, entre otras cosas (Talleres vs. Belgrano, hinchar por Atenas, el mate con peperina, las sierras, La Cañada, etc.), nos une el humor, ese que nace en las calles.

La historia cuenta que Jerónimo Luis de Cabrera trajo 106 andaluces, los tipos más graciosos y divertidos del mundo, para la fundación de la ciudad. Los andaluces diseminaron sus carcajadas en estas tierras para que se multiplicaran, porque no hay nada más hermoso que reírse fraternalmente.

El humor ha estado en Córdoba vinculado siempre a las formas de la cultura vernácula, arraigado en el espíritu del hombre de la calle. Ganó popularidad a partir de la década del 70 con la aparición de Hortensia, revista dirigida y creada por Alberto Cognigni.

Hortensia logra -a nivel de medios gráficos- lo que ninguna otra publicación había podido conseguir hasta ese momento: tiraje de 100.000 ejemplares, calidad argumental, técnica y creativa, y capacidad competitiva para con las revistas humorísticas de la Capital Federal. Aún hoy, en las casas de canje y venta de revistas usadas se consiguen algunos ejemplares.

Hortensia reflejó en sus páginas esa fórmula institucionalizada de respuesta "no si vuá sé..." a la pregunta obvia. Esa fórmula dicen que empezó con aquel borracho al que metieron en cana y el comisario le dijo: "Vo sabé pintá ¿no?, bueno si dejá la celda blanca sin ensuciá el piso ni con una gota de pintura, te dejo salí. El negro pidió kilos de papel de diario y los extendió por toda la celda. Llega otro cana y le dice: ¡Che negro! ¿estaí por pintá? Y el negro pintor le respondió: "No si la vuá está envolviendo pa' regalo".

"Hortensia: por amor al humor" es una monografía que intenta explicar el fenómeno de una revista cordobesa de humor, que atrapó a tres generaciones. También cuenta cómo un soñador de imposibles -Alberto Pío Cognigni-, inventó la revista Hortensia para ganar amigos y no plata, hermanando las carcajadas de todo el país.

OBJETIVOS

Descubrir el porqué del éxito de la revista Hortensia, que desde la provincia de Córdoba llegó a cautivar al público nacional durante dos décadas.

Indagar sobre las particularidades del humor cordobés de los años '70 y '80, plasmado en un medio gráfico con un fuerte acento popular.

Investigar el contexto histórico, político y social que envolvió a Hortensia, y cuál fue su influencia tanto en el nacimiento como en la desaparición de esta publicación.

 


DESARROLLO

Todos los cordobeses recuerdan a Hortensia, una publicación humorística que hizo reír a más de una generación. Inclusive hoy muchos de sus chistes y personajes siguen vigentes. Pero de la memoria popular, con su imaginario y anécdotas propias, al riguroso análisis cuasi científico de la revista, hay un vacío que humildemente intentamos llenar con este trabajo. El material bibliográfico es escaso, por lo que el rastreo de información y su posterior corroboración fue bastante dificultoso. Esto no es una          disculpa, sino una advertencia de que casi toda la monografía se hizo en base a la memoria viva de los protagonistas directos.

Datos formales: Fecha y lugar de aparición: Agosto de 1971, en la ciudad de Córdoba. Fecha de cierre: Enero de 1990. Sin embargo, dos años más tarde hay un nuevo intento por volver a editar la revista, pero sólo llegan a salir dos números y se produce el cierre definitivo.

Periodicidad: La revista era quincenal y salía miércoles de por medio. Pero en verdad la fecha de salida no era rigurosa, pues ganaba la calle una vez conseguido el dinero para editarla. Lo cierto es que Hortensia garantizaba dos números al mes.

Formato: Tabloide. Las medidas exactas eran 27,5 cm. por 36 m.

Color: Los primeros números eran a dos tintas la tapa y a una sola tinta el Interior. Pero luego el pliego de tapa fue a cuatro colores, tal como lo sugería el mercado.

Un dato Importante a tener en cuenta es que Alberto Cognigni en el periodo en que la tapa salía a dos tintas-, creó un tono particular, "negro verdoso", que se impuso en el mundo de las imprentas y que hoy se conoce como "color Hortensia".

Imprenta: Hasta la muerte de Cognigni, acaecida en 1983, la revista se imprimió en "La Docta", de Héctor Grazziani, e inclusive allí mismo funcionó la redacción de Hortensia: Silvestre Remonda 530. "Recuerdo que trabajábamos en la imprenta -rememora Crist-, dibujábamos en las mismas mesas donde se encuadernaba, al lado de sándwichs de mortadela y tarros de tinta.( ... ) Si hay algo que incentiva a un gráfico es estar al pie de la rotativa viendo cómo se multiplican sus imágenes  ( ... ) En los boliches escuchábamos los chistes y en lo de Grazziani los veíamos impresos".

Tiraje: El primer número tiró dos mil ejemplares, pero promediando el número treinta llegó a tirar 105 mil. Aunque en general tiraba entre 60 y 70 mil ejemplares.

Precio de tapa: En el año 1971, Hortensia costaba $ 1,50, según la moneda de la época. Hoy esta cifra equivaldría a dos atados de cigarrillos. La revista se sustentaba económicamente con el precio de tapa, más que con la venta publicitaria.

Publicidad: Alberto Cognigni impuso el criterio de que los avisos publicitarios tuvieran la misma línea de humor que el resto de la revista. Los contactaba directamente Hortensia, sin llegar a mediar con las agencias de publicidad locales, que al parecer nunca se interesaron demasiado en esta publicación. Por eso los avisos - algunos muy ingeniosos y simpáticos-, eran elaborados por el staff de la revista, previa connivencia con el anunciante.

El precio de los avisos era un 60% más barato de lo establecido por un medio "pulpo" como La Voz del Interior. La publicidad ocupaba entre el 25 y el 30 por ciento de la revista.

Contenido: Todas las vetas del humor tenían su espacio en Hortensia, desde el 'cartoon' unitario o desarrollado, con o sin texto, la historia serial, las pequeñas anécdotas o relatos de la vida cotidiana, los personajes paradigmáticos que representan tipos sociales, la caricatura de personas conocidas en la ciudad, los gags políticos, y hasta la transformación humorística de la literatura autóctona.

Hortensia logró combinar íntimamente texto e imagen. Se la podría definir como una revista de humor costumbrista, típica y fuertemente cordobés, que eclipsó el gran objetivo de Cognigni de transformar a "su sueño" en una vidriera para dibujantes de todo el país.

Se valía del absurdo para reflejar situaciones y momentos históricos y políticos que ponían en vilo a la sociedad de ese tiempo. Sin embargo, Hortensia no se caracterizaba por ser una publicación contestataria aunque siempre dijo lo que quiso con inteligencia. La revista era una prolongación de las peñas, llevaba al papel todo lo que allí se escuchaba e inventaba en largas madrugadas de guitarreadas y alcohol.

Cognigni fue el cerebro de la revista, sabía pedir lo que quería y, al mismo tiempo, dejaba crear a los dibujantes. (Muchos de ellos tuvieron que aprender a ponerle texto a sus chistes porque el "Gringo" así se los exigía). El mismo inmortalizó una dupla bien cordobesa: Negrazón y Chaveta, dos amigos de la sexta, además de otros espacios creados por él y firmados con el seudónimo Augusto o Pío.

Roberto Fontanarrosa encontró aquí un espacio para sus ocurrencias, y en Hortensia comenzó a publicar la tira de Inodoro Pereyra, hoy un clásico entre los argentinos. Lo mismo sucedió con Boogie el aceitoso.

Cuando Cristóbal "Crist" Reynoso llegó a Hortensia ya traía un cartel, gracias a un premio que como humorista había ganado en la revista Gente. El publicaba una sección denominada "La máquina de hacer pájaros", título que Charly García le pidió prestado para su grupo.

Carlos Ortiz, el humorista que heredó por mérito propio el espacio de Cognigni en el diario La Voz del Interior, se descubrió a sí mismo en Hortensia allá por el número 8 de la revista. Dueño de un talento sin igual, Ortiz fue elegido para resolver la primera tapa de Hortensia, luego de la muerte de Cognigni. Todo un desafío, que superó con creces. La portada era un gran ring, donde se podía ver a la República en un rincón, toda golpeada, machucada, ensangrentada, y en otro rincón, una bota gigante. Desde la tribuna, un "negro" le gritaba a la primera: " iAguantá, que faltan sólo dos meses!".
En 60 días la democracia argentina volvería.

Amuchástegui era Don Quitilipe, a las chicas nadie las dibujó mejor que Chamartín, Marino era inigualable en las caricaturas y no había avisos corno los de Martino. (Estos últimos tres, fueron durante muchos años dibujantes técnicos de la ex  IKA Renault. Juan Parrotti tenía a su cargo una columna sobre temas de actualidad, al igual que Gonio Ferrari y Miguel Bravo Tedín era famoso por sus cuentos breves. lan y su "Doña María" y el dibujante Carlos Giménez también "despuntaron el vicio" de humoristas gráficos en Hortensia, al igual que Cuel, el "Gordo" Oviedo, Cler, el "Pelado" Alonso, Peiró, Angonoa, Furnier, Gulle, Sergio Más, Chumbi, Pasti, Fabaz, Ruiz Moreno, Jericles, entre tantos otros.

Estos nombres se suman a una lista abultada por seudónimos de estos mismos dibujantes. "Nunca probé tantos estilos como en esa epoca", apuntó Crist.

Staff y Sueldos: En Hortensia llegaron a trabajar cincuenta personas. No obstante, la mayoría contaba con otro empleo que le asegurara un ingreso mensual estable. Si bien Cognigni era riguroso en el pago de las colaboraciones, éstas no tenían un precio elevado. La revista constituía una vidriera para los dibujantes, por tal motivo no le exigían una mayor remuneración. El grupo funcionaba como una cooperativa 'de hecho', entonces Cognigni a fin de año realizaba un reparto de utilidades.

Diagramación: A primera vista, la revista parece caótica. No obstante, existía un criterio de diagramación tomado del diario francés Le Figaro, uno de cuyos directores decía que una publicación debía ser un mercado persa, "donde uno entrara y viera de todo". Esta frase fue adoptada por Cognigni y trasladada a Roberto Di Palma, el diagramador que organizó 'el delirio' tal como se conoció y consumió Hortensia.

No se incluían en una misma página dos chistes sobre el mismo tema, tampoco dos chistes mudos, por ejemplo. Su diagramación era ágil; se podría decir que estuvo concebida para ser leída en el ómnibus.

"Justamente el ángel de Hortensia residía en esa remembranza de estudiantina, de cosa no demasiado formal, alejada de las líneas de diagramación que nosotros estábamos acostumbrados a ver en las revistas europeas o, sin ir tan lejos, porteñas", comenta Fontanarrosa.

Modalidad de trabajo: El 'modus operandi' estaba centralizado en una sola cabeza, la de Cognigni. El decía: esto va, esto no. Se publicaba el veinte por ciento de lo que los colaboradores proporcionaban. Recién en la última etapa de la  revista, luego del fallecimiento de su fundador, se trabajó en equipo através de un Consejo de Redacción.

Público al que estaba dirigida: Al haberse originado la revista como un sueño de Alberto Cognigni, él y su gente hacían lo que más les gustaba, sin pensar demasiado a qué tipo de lector se dirigían. De hecho, fue el cordobés medio, en un principio, el que le dio el OK.

EL ORIGEN DEL NOMBRE

La Córdoba de los años sesenta es rica en personajes populares que deambulaban por las calles de la ciudad: el "Cabeza Colorada", "Jardín Florido", El "Negro e' la Juana", "La pelada de la Cañada", etc. Había una mujer andrajosa y borracha que vendía entre otras cosas papas de Hortensia (arbusto de hermosas flores blancas, rosadas o azules originario de] Japón), famosa por los insultos que propinaba a quienes no accedían a comprarle la mercadería que ofrecía. Siempre andaba a los gritos y no se le callaba ni a la misma policía, que no en pocas oportunidades debía arrestarla por las molestias que causaba a los ocasionales transeúntes. Este personaje no gozaba -como los anteriormente mencionados- de la simpatía de la gente, que sólo lo incorporó a la memoria popular y lo llevó a la categoría de mito a través de la revista.

ALBERTO COGNIGNI, SU FUNDADOR

Nació el 1 1 de noviembre de 1931 en la ciudad de Bell Ville, provincia de Córdoba. Como tantos otros jóvenes llegó a la ciudad capital en busca de nuevos horizontes e ingresó a la Escuela de Bellas Artes. Entre tanto, hizo publicidad, trabajó en el diario Córdoba, en la revista Jerónimo, y en La Voz del Interior, donde se destacaron sus columnas denominadas "Así es" y "Campo Afuera" . Se casó con Sara Catán, esposa y mano derecha de Cognigni en todos y cada uno de los emprendimientos de su marido. Tuvieron tres hijos, Mariano, María Emma y Diego. Su casa de barrio Parque Corema era el lugar obligado de todos aquellos artistas y creativos que andaban por Córdoba. Incluso el  ex presidente Arturo Humberto lllia pasaba largas horas allí.

En 1969 ganó el premio SIP Mergenthaler (otorgado por la Sociedad Interamericana de Prensa), en reconocimiento a su labor como caricaturista. Dos años más tarde, sacó el cuarto premio en el Salón Internacional el Humor en Canadá.

Murió de un ataque cardíaco el 16 de junio de 1983, un año después que su mujer. Hoy, un busto de bronce ubicado en el pasaje Aguaducho de barrio Alberdi, en Córdoba, lo recuerda ante la mirada apurada de una ciudad que parece no tener tiempo para detenerse y sonreír.

Quienes lo conocieron coinciden en su particular talento, su vehemencia, su generosidad y ese espíritu patemalista que lo llevó a centralizar en su persona cada una de sus acciones y emprendimientos. Tuvo varios apodos: el "Gringo", el "Gordo", el "Cabezón", "Pío" y "Augusto" (estos dos últimos fueron seudónimos que utilizó en la revista, al igual que "El irresponsable"), y "Caballo e' lona", porque su cuerpo gigantesco de un metro noventa de estatura parecía estar formado por dos pedazos unidos entre sí.

Escribieron de él:

  • CRISTOBAL 'CRIST' REYNOSO: "Alberto era así, desmesurado, un hincha, un entusiasta, un niño. Creía, como Salinger, que Córdoba y París eran limítrofes. El Sena se fundía en la Cañada, Nueva York era Nueva Córdoba, Londres un lugar cercano donde hacía revistas de humor para ver a través de la niebla. Buenos Aires un lugar donde se distribuía Hortensia, su sueño.( ... ) Cognigni era fellinesco, juntaba todo como en un circo y era a la vez el payaso y el maestro de ceremonias".

  • ROBERTO FONTANARROSA: "Los negros llegan a Bretón", decía el Gordo cuando quería -graficar el delirio y surrealismo que podía alcanzar ese humor local que él mismo desarrollaba quincenalmente con "Negrazón y Chaveta". Y lo decía con esa potente voz nasal que hace que cualquiera que intente recordar alguna anécdota suya procure irnitaria, corno ocurre con Perón. Grandote, corpulento, risueño, sentencioso, solía ser, eso sí, a veces demasiado paternalista para nosotros. ( ... ) Permanente generador de energía, charlatán hasta el cansancio, agarraba la manija y no la largaba (...) Ese es el Cognioni que quiero recordar. El Gordo vital, activo enormemente generoso. El anfitrión a veces más cálido que previsor, el entusiasta impulsor de cuanto proyecto le gustase".

LAS PARTICULARIDADES DEL HUMOR CORDOBES

Un guaso a un chofer de ómnibus:

-¿Va por Paso de los Andes?

- Sí.

- ¡Bueno, dame medio boleto porque a la vuelta me vengo con San Martín!.

Miguel Bravo Tedín afirma que "el humor cordobés" puede ser rastreado desde hace más de cien años en la colección existente en la Biblioteca Mayor de la Universidad de Córdoba, del periódico La Carcajada. Podemos anotar desde aquel entonces tomaduras de pelo, irrespetuosidad, invención de nuevas palabras, utilización de vocablos populares, etc. El cordobés, por ser quizás Córdoba cruce de caminos, receptó mucho las perspectivas y criterios de otros pueblos y otras formas de mirar las cosas". Pero además, "Córdoba fue la ciudad de las iglesias y la universidad, de los doctores y los abogados", aunque "también fue la de los negros esclavos donde se los subastaba, de los burdeles, de los circuitos prostibularios, de la irreligiosidad, de los prominentes ateos. (... ) De esa contradicción, de esa puja de dos estilos de vida, que conforman lo que fue y sigue siendo Córdoba, nace sin duda el estilo de su humor. Cachador, con doble sentido, sutil muchas veces, absurdo otras, lleno de epítetos cargado de gracia y pleno de espontaneidad".

Para Carlos "Pasti" Bongiovanni : "El humor de Hortensia reconoce sus fuentes en aquel que baja de los suburbios, de las barriadas de obreros y marginados del sistema de producción, y se expresa con todo su esplendor en los estadios de fútbol, en los bailes populares de los clubes de barrio, en los bodegones, en el viejo mercado de abasto, y llega al área céntrica de la docta ciudad a través de toda la gama de buscavidas. Humor plebeyo, en fin, que encierra en muchos casos una forma de protesta social de los sectores postergados económicamente y marginados culturalmente (desde los gringos emigrados del interior en la época de la industrialización hasta el "negro" cordobés, que se levanta corno respuesta casi dialéctica ante la "otra" Córdoba, acartonada, solemne, excesivamente formal en sus costumbres, oscurantista y reaccionaria en sus ideas".

CONTEXTO HISTORICO, POLITICO Y SOCIAL

Durante 1969 en el país se suceden fuertes disturbios iniciados por los estudiantes en Corrientes, Rosario, Resistencia, Tucumán. Pero es en Córdoba donde la violencia adquiere caracteres dramáticos. El 29 de mayo de ese año, como consecuencia del malestar popular, estudiantes y obreros ocupan sectores céntricos de la ciudad y se atrincheran en el "Barrio Clínicas", desbordando a la policía. El saldo: 11 muertos, 50 heridos, destrucción de vidrieras, comercios y automóviles. El movimiento, por supuesto, se llamó "Cordobazo".

Las dificultades se acrecientan cuando Onganía, el 27 de mayo de 1970, reúne a los generales, les expone un confuso plan político a desenvolver en un plazo de 14 a 16 años, les reitera su conocida posición de que sólo él tiene la responsabilidad de la conducción de la República y rehusa sugerencias de los mandos militares.

A esa altura de la gestión presidencia¡, el país ha demostrado ya que no tolera más el paternalismo que le impone Onganía. Su derrocamiento clausura un período y abre otro.

Y en la efervescencia popular de esos años '70 nace Hortensia.

Onganía había cerrado Tía Vicenta y Patoruzú venía repitiéndose a sí misma. Hortensia pasó a ser el reducto del humor escrito en el país. Luego se crea en Buenos Aires la revista Humor.

 También son años en que no faltaba la respuesta violenta al programa oficial. La Guerrilla se hacía sentir.

El interventor de Córdoba prometía cortar la víbora de las mil cabezas de la subversión. Respuesta: los sindicatos, los partidos políticos y los estudiantes se levantan. Y José Camilo Uriburu renuncia. Los hechos se conocieron como el Viborazo. A nivel nacional, también declina en su mandato Marcelo Levingston, segundo presidente de la "Revolución Argentina".

El 1ero. de abril de 1971 el gobierno de Lanusse anunciaba públicamente que se rehabilitaba la actividad política, la puesta en marcha del proceso de reforma institucional, la restitución de bienes a los partidos políticos y la iniciación de tareas para la atualización, confección e impresión del padrón electoral.

En un clima convulsionado se llegó a los comicios del 11 de marzo de 1973. La fórmula triufante: Héctor Campora-Vicente Solano Lima, asumió el poder el 25 de Mayo. Al tiempo que Juan Domingo Perón regresaba al país, Cámpora y Solano Lima renunciaban a sus cargos de presidente y vice.

El 23 de septiembre de ese mismo año se convocó a elecciones nuevamente y ganaron Juan Domingo Perón-María Estela Martínez de Perón, quienes asumieron el 12 de Octubre. Nueve meses después, el 1 de julio de 1974, falleció Perón y se hizo cargo de la presidencia su esposa.

El gobierno democrático dura hasta el 24 de marzo de 1976, en que los militares dan un nuevo golpe de estado, con el cual comenzó el nefasto "Proceso de reorganización nacional".

El gobiemo de facto se perpetuó en el poder durante siete espantosos años. Tiempo en que Hortensia resistió, a pesar de los embates: allanaron la redacción muchas veces, pusieron bombas en dos oportunidades y hasta se llegó a quemar toda una edición. A Alberto Coanigni lo llevaron preso y lo dejaron libre a los dos días.


Ya en plena etapa democrática, con Raúl Alfonsín en la presidencia y Eduardo César Angeloz en la gobernación de Córdoba, Hortensia no tenía necesidad de remar contra la presión ideológica o la censura, pero sí contra la inflación primero y la hiperinflación después, que llegó a su apogeo en este periodo.

CONCLUSIONES

Si hay algo que queda claro a lo largo de este trabajo, es que Hortensia perduró a pesar de no contar con una gran empresa editorial que la sustenta: nunca fue más que un nombre y un cúmulo de voluntades que hacían todo por un sueño.

El éxito fundamentalmente se debió a que Hortensia supo plasmar en el papel la idiosincrasia popular: la gente vio reflejada allí su forma de ser, su manera de sentir y de expresarse. El vocabulario que se leía en Hortensia era el mismo que se escuchaba a diario en la peatonal, en una cancha de fútbol o en el mercado.

 Esta publicación fue la representación más genuina del humor del pueblo cordobés y siguió fiel a sus orígenes hasta el final. Los mismos lectores llamaban y escribían a la revista para contar chistes, cuentos y ocurrencias que después veían impresos. Otros de los ítems a destacar son la diagramación ágil, la elección del material y el buen ojo para darle cabida a humoristas por entonces jóvenes, que después fueron verdaderos talentos.

Es necesario reconocer que Hortensia floreció en una época en que sucedían cosas trascendentes en el mundo (Vietnam era a diario el titular principal en los periódicos) y en estos lares del sur se vivía un delirio sin igual. Era la época en que realmente se creía que se podía hacer la mentada revolución. Y hasta el humor era un ingrediente necesario para lograr semejante tarea. Del éxito al ocaso pasaron casi 20 años. ¿Por qué se produce? La muerte de Sara Catán fue una tragedia para toda la familia de Hortensia. Ella era el orden, la cabeza fría, la eficiente administradora del proyecto. Cognigni nunca le perdonó ni la enfermedad ni la muerte; al año se fue con ella, dejando a cargo de su sueño a su cuñado, quien no administró correctamente la revista.

A los ernbates políticos los sorteó a todos, inclusive fueron argumento para sus humoradas. Pero no pudo ni con una administración interna fraudulenta, ni con la hiperinflación: en el último número, el papel aumentó en un día el 82%. ¿Quién podía resistir semejante descontrol?

Tampoco Córdoba era la misma. Su humor hoy persiste, pero la temática había que renovarla, y el "Gordo" Cognigni no lo advirtió a tiempo. Sus sucesores en lo creativo lo habián advertido, pero cuando intentaron el cambio ya era tarde.

Hoy Hortensia, como aquella gritona vendedora de papas, se convirtió en leyenda. Los kiosqueros cuentan que todavía hay gente que pregunta: "¿Salió Hortensia?"

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